¡¡¡Las chicas de la cecina!!!

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Las chicas de la Cecina

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Las cocineras de la cecina eran reconocidas con la Cátedra de San Pedro, y hacían “fiesta” a la hora del reparto.

Fiesta de la Cecina

La Cátedra de San Pedro es un clásico en las fiestas de Burgos. El día 22 de febrero, el Barrio de San Pedro de la Fuente se viste de largo y se prepara para disfrutar de una de las tradiciones más arraigadas en la ciudad, el reparto de la cecina.

Previamente, se celebra la misa en la que se entregan las Cátedras, este año a las nueve “voluntarias” que cada año preparan este manjar, con Angelines a la cabeza, que ha sido la encargada de recoger la distinción.  Porque a la hora del reparto estaban de fiesta, vestidas para la celebración, peluquería incluida, pero la faena ya estaba hecha, y la cecina preparada.

Fiesta de la Cecina

El día acompañaba, sol y domingo, que más se puede pedir. Y llegó el momento que todos esperaban. Como siempre y sin duda alguna, la cecina estaba exquisita, y no es extraño que la cola fuera larga y que muchos repitieran y pasaran varias veces o que «cargaran» con varias raciones, a pesar de las indicaciones de los miembros de las Peñas Recreativa Cultural de San Pedro de la Fuente y La Alegría de San Pedro y voluntarios que participaban en el reparto.

Como siempre, hay que agradecer la labor de las voluntarias que preparan la cecina,  es un trabajo arduo que comienza casi una semana antes, trabajo en el que ponen todo su empeño. Son miembros de la peña Recreativa Cultural de San Pedro de la Fuente, “la peña roja” por llevar el mismo uniforme que en los San Fermines.

Un par de días antes comienza todo, echando a mojo la cecina y preparando y limpiando las verduras y la cecina (no hay que olvidar que la cecina es una carne curada). Comenzaron a cocerlo durante cuatro horas, con huesos, gallina, tocino, acelga, puerros, garbanzos y zanahoria, pero aún no se ha acabado. Tras sacar la cecina del cocido y dejarla enfriar, se procede a su limpieza. Esta la mañana, tocaba calentar todo lo cocido y tener preparadas las mesas, bandejas, vino, pan y muchas manos que no daban abasto al trasiego de bandejas que se llenan y se vacían a una velocidad de vértigo. Mucho trabajo para que todos puedan degustar este manjar.

Y después, toca fregar y recoger

A pesar de las peticiones que año tras año estas voluntarias han hecho al consistorio, aún no ha llegado el ansiado local y el calentador, teniendo que fregar todos los enseres a la vieja usanza, aunque no se dan por vencidas y siguen esperando que algún día se cumplan estas peticiones. Este año, la alcadesa, Cristina Ayala, les avanzaba que cuando el nuevo centro cívico que se está construyendo entre en funcionamiento, podrán realizar esta labor en el actual CEAS. Al final, parece que lo conseguirán.

Enhorabuena y gracias por mantener esta tradición, sois unas jabatas.

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