Vicente Gil, cien años intensos

Vicente Gil, cien años intensos
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Ayer cumplía 100 años en Quintanar de la Sierra Vicente Gil Antón. Vicente nacía el 25 de marzo de 1920, y fue concejal del Ayuntamiento de Quintanar durante 8 años.

El Ayuntamiento no ha querido dejar pasar este día sin rendir un homenaje a este centenario que se mantiene muy activo, disfrutando de lo que más le gusta, escribir y leer.   La alcaldesa de la localidad, Montserrat Ibáñez, le hacía entrega de una placa conmemorativa de la Diputación Provincial con una carta del presidente, César Rico, unos libros de las excavaciones de Revenga, el que escribió Padilla y el que ha escrito su mujer Karen, de parte del Ayuntamiento, y de todo Quintanar, un reloj grabado con sus iniciales, dos fechas, 1920/2020, y la dedicatoria «Del Pueblo de Quintanar, Gracias».  Para hacer la foto, pidió expresamente que por favor se quitaran las mascarillas.

Cien años dan para mucho

Cien años de vida dan para mucho, y los recuerdos y vivencias se agolpan en la vida de Vicente. No todo ha sido fácil, sino todo lo contrario. Nació en una familia modesta, el mayor de 9 hermanos, pronto tuvo que arrimar el hombro para ayudar en la economía familiar. Con 14 años «me echaron» de casa, y rectifica, «bueno, tuve que marchar a trabajar a La Rioja, como pastor de seis novillos».

Reconoce que la vida «no es ni parecida a lo que viví en mi juventud, si las comparo, no me acoplo, aunque procuro integrarme en el contexto en que vivimos» y tanto es así, que recuerda que «ahora con lo del coronavirus, estamos alerta a costa de un bichito desconocido». Piensa que  creamos una psicosis de miedo y pánico, «lo que nos tenga que pasar, nos pasará». Lo dice con conocimiento de causa, ha vivido una guerra y una postguerra duras, como él dice, «no tuve juventud», con casi 18 años le llamaron a filas, «nos pasaron de la pubertad a la madurez, nos creíamos los dueños del mundo, pero en cuanto vi las primeras muertes sin sentido, me convertí de repente en un hombre maduro que no admitía las barbaridades que veía».

Fusilaron a su padre con 42 años, y a partir de ese momento fue él quien se tuvo que poner al frente de la familia,  ayudar a su madre a la que «nunca vimos quejarse»,  y nueve hermanos, él el mayor con 16 años «y ninguno nos quejamos nunca».

Ha desempeñado varios trabajos. Con 14 años, se marchó a La Rioja, con el permiso de sus padres para aportar dinero a la familia, porque «no había suficiente para todos», como pastor de  seis novillos,  aunque «me cansé» y cambió a la labranza. Estalló la guerra y tuvo que volver a Quintanar por la muerte de su padre para ayudar a su madre.

En sus memorias recoge aquellos primeros momentos de la Guerra Civil, «Memorias de un soldado de la Quinta del biberón»,  habla de la historia de Quintanar, recuerda a Machado y su paso por Soria, como una recopilación de lo que ha leído. Tiene otro escrito que titula «Mis vivencias» en el que repasa su vida desde que nació «aunque de ese tiempo no me acuerdo mucho» señala con una risa, recoge las costumbres del pueblo, los juegos de niños, de mayores, el colegio «porque me gustaba estudiar, tenía ansia por aprender», tanto es así que usaba los libros de un compañero con «más posibles». Pero él quería tener su propia Enciclopedia, y como sus padres no se la podían comprar, acudió a su profesor y le contó lo que le pasaba. Le comentó que su padre le había dicho, «que le adelantara las 3,40 pesetas que costaba la Enciclopedia, que él se la pagará que ahora no puede». El profesor le mandó quedarse el último al salir de clase y le dio el dinero pero le dijo que esa Enciclopedia se la regalaba él, «eso me cambió totalmente la vida, me la aprendí casi, casi de memoria, de hecho, aún la tengo con un cariño…».

A  los 19 años, le licenciaron de la Guerra, y a partir de entonces, trabajó como ayudante de camionero, para después sacarse el carnet y estuvo trabajado como camionero 15 años «muy duros, ganando poco» y con cargas de madera que sobrepasaban  con creces el peso que podían transportar.  Tras esta etapa, llegó la de Alemania, dos años, pero el pensamiento de sus seis hijos pudo más, se hacían mayores, y en su mente sólo cabía ahorrar para poder comprar un piso e ir a buscar un futuro para todos. Y así lo hizo, el destino : Sabadell.  Vicente se presentó a unas plazas de Auxiliar Administrativo en el Ayuntamiento de la localidad, y tras aprobarlas, ocupó la dirección de la Unidad de Tráfico y Taller, agregado a la Policía Municipal, donde estuvo a cargo de 20 operarios 25 años hasta su jubilación.

Pero Sabadell no era el lugar elegido para su jubilación, sino Quintanar de la Sierra, y tras su llegada, el acceso al Ayuntamiento, donde fue concejal y teniente de alcalde durante 8 años con el Partido Socialista.

Una de sus hijas residente en Logroño, les compró un piso para que estuvieran cerca, y en Logroño vivieron 5 años hasta que falleció su mujer tras lo que decidió volver a Quintanar donde «sigo vegetando», aunque si su vida es vegetar…

«Pero hoy se vive cincuenta mil veces mejor que entonces, más medios para disfrutar de la vida». Y Vicente disfruta de la vida. Le gusta escribir, ya tiene algún que otro libro escrito, está con sus memorias que escribe en el ordenador,  y sobre todo, «leer, leer y leer».

No sale de casa nada, tiene servicio de Teleasistencia, y aunque tiene ayuda para las labores domésticas y la compra, lo que sigue haciendo es la comida, y todo le sale muy bien.

Y una última recomendación:»Ser optimistas, no pensar nada mal, ser felices, acomodarse a las circunstancias, no tener envidias de nadie ni de nada, que cada uno haga su vida y asunto concluido».  Bueno, una no, varias, pero es que 100 años dan para mucho. Felicidades, Vicente.

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