Cultura, medicina y sociedad

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José Manuel López Gómez es médico de Atención Primaria y director de la Institución como la Fernán González

José Manuel López Gómez

Es posible que mi doble condición de profesional sanitario situado en la primera línea de lucha contra el COVID 19, y de director de una Institución como la Fernán González, que muy pronto cumplirá setenta y cinco años al servicio de la promoción, difusión y estudio de la historia y el arte de Burgos y su provincia, me proporcione una visión complementaria de ambas realidades, y me dé ocasión de exponer algunas reflexiones que puedan ofrecer algún interés.

José Manuel López Gómez en el Centro de Salud cumpliendo el protocolo del COVID-19

José Manuel López Gómez en el Centro de Salud cumpliendo el protocolo del COVID-19

En mi caso como historiador de la medicina de nuestra tierra se añade el hecho de haber tenido ocasión de estudiar y analizar otros sucesos epidémicos pasados, lo que me brinda una perspectiva, a veces, de sorprendente actualidad.

Ciertamente a un vecino del Burgos de hoy le separa de la epidemia de peste que devastó nuestra ciudad en 1565 y 1599, de las diversas epidemias coléricas que entre 1834 y 1885 atacaron a pueblos y ciudades de toda Europa, y por supuesto de la ahora reiteradamente recordada epidemia de gripe de 1918, le separa reitero, un gigantesco avance de la medicina y la sanidad, el nacimiento de la microbiología y la inmunoterapia, una importante mejora de la higiene pública y privada, y de los recursos terapéuticos disponibles.

Le separan también  un hasta hace pocos años impensable avance de las redes de comunicación, que nos permiten saber a tiempo real lo que sucede en muchas partes del mundo; logros inimaginables hasta hace bien poco años.

A pesar de todo ello la esencia más íntima de los sentimientos de los hombres y de las mujeres ante un hecho desconocido, frente al que todavía no hay elementos de combate eficaces, no se diferencia tanto de la que con gran probabilidad experimentaron nuestros antepasados ante situaciones semejantes.

El miedo, a veces el pánico, frente a una amenaza que nos acecha no sabemos exactamente donde, ni cuando, sin que dispongamos todavía de un remedio rápido y seguro para combatirla, no es diferente hoy al que experimentaron los que nos precedieron.

No deja de ser un ejercicio formativo la lectura de los bandos que los alcaldes y gobernadores publicaron para frenar el contagio, y las “Cartillas sanitarias” que los médicos de las beneficencias provinciales y municipales daban a conocer al público, con el objetivo de ayudarle a poner en práctica los procedimientos más beneficiosos para alejar a las enfermedades epidémicas.

La globalización ha cambiado muchos aspectos de nuestras vidas, pero los más íntimos y profundos sentimientos del ser humano siguen inmutables.

El sacrificio, la renuncia, la solidaridad, la entrega, el amor a los demás estaban, y por fortuna siguen estando en el núcleo del hombre; aunque también en estos momentos aparecieron y aparecen manifestaciones menos nobles; todas, unas y otras, están en la condición humana, y el conocer la reacción de las poblaciones ante situaciones catastróficas pasadas, es posible que proporciones algunos elementos para tomar hoy decisiones con el mayor acierto posible.

Durante cuarenta años he tenido la fortuna de poder compatibilizar el cotidiano ejercicio de la medicina con la investigación en el campo histórico médico; una faceta me ha permito comprender mejor la otra, potenciándose ambas mutuamente en afortunado y productivo equilibrio.

La llegada del coronavirus ha roto esta situación por completo, y como es evidente ha prevalecido sin duda el combate contra el virus y todos sus graves efectos en la población; a luchar contra ellos y ayudar a vencerlos estoy dedicado en plenitud  las últimas seis semanas.

Por supuesto, siguiendo las instrucciones de las autoridades, la Institución Fernán González ha quedado cerrada, y las actividades culturales programadas con antelación suspendidas o aplazadas. No sabemos, por ejemplo, si podremos clausurar el curso en Sedano, como teníamos previsto, en homenaje a Miguel Delibes en el centenario de su nacimiento; su celebración sería prueba inequívoca de que la epidemia va remitiendo.

Si ahora no es posible tendremos, sin duda, otras oportunidades de recordar la figura del gran escritor castellano; lo trascendental es tratar de reintegrarnos a la normalidad en todas sus facetas, entre las cuales la cultura no es la menor.

Me gustaría finalizar estas reflexiones con dos certezas. La primera es que con la colaboración de todos derrotaremos a esta pandemia más pronto que tarde; dejará, eso sí, algunas secuelas, de mayor o menor gravedad, dependiendo del acierto en las medidas que se vayan adoptando. La segunda certeza es que la cultura, como otros aspectos de nuestras vidas, debe salir reforzada de de este periodo de hibernación, y para ello tendremos que renovar nuestros esfuerzos y aportar iniciativas y proyectos.

Muchas gracias a todos y mucho ánimo.

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