El valor de una joya exclusiva para cada cliente

El valor de una joya exclusiva para cada cliente
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Sara Serna acerca las joyas artesanas y el arte contemporáneo al medio rural en su tienda «La luna de plata» en Covarrubias

Si es difícil sacar adelante un negocio de artesanía en circunstancias normales, más aún lo es cuando un virus para literalmente el país. Sara Serna, artesana platera, es una de estas artistas que ha tenido que bregar con esta situación, pero el tesón y el trabajo hacen coger fuerzas y salir adelante.

Viviendo fundamentalmente del turismo, desde mediados de marzo a mediados de junio su tienda, «La luna de plata», ubicada en Covarrubias, tuvo que permanecer cerrada. El arranque  y el mes de julio fueron flojos, «la gente estaba con miedo y el tránsito de veraneantes y turistas era escaso», aunque agosto se ha recuperado y «ha sido muy bueno».

Y las crisis traen reinvenciones, como es el caso de Sara, que ha abierto diferentes espacios expositivos, como el de arte contemporáneo para acercar a los pueblos esta faceta. Sara Serna reconoce que la joyería diferente gusta y la gente apuesta por ello, pero va lento, la incertidumbre y el miedo está ahí, por lo que «vivo el día a día».

Sara no hace grandísimas producciones, a medida que vende, repone piezas «adaptándome al mercado». Su joyas son contemporáneas, piezas muy diferentes «tengo unas piezas artísticas y otras más comerciales, más vendibles», piezas que realiza en plata y latón, manuales 100%, últimamente trabaja con hilo y planchas a las que da formas, de manera que «es imposible que dos piezas salgan iguales». Sus diseños van encaminados a todas las edades, desde niña hasta adultos, pero todo en joyería contemporánea «no tengo productos clásicos».

Sara está recibiendo muchos pedidos porque el cliente quiere piezas exclusivas, «creadas para él o para ella», lo que hace que se valore mucho más el trabajo del artesano, el saber que esa pieza «está hecha en exclusiva para mí», algo que se valora cada vez más.

A su tienda de joyería se suman los espacios expositivos de otros artistas, como Elisa Sanz, algo que «choca» y que muchos esperan encontrar en un pueblo.

Además reconoce que la gente está mucho más respetuosa con la distancia social sobre todo en espacios pequeños como es su tienda, algo que al principio de su reapertura era muy difícil de asumir.

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