Adolfo García Sastre: «Tenemos que estar preparados»

Adolfo García Sastre: «Tenemos que estar preparados»
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Adolfo García Sastre llegaba a Palazuelos de Muñó desde el Hospital Monte Sinaí de Nueva York como un turista llega a su destino. Con un maletín con su portátil, entraba a la sala donde le esperaban los vecinos de Palazuelos y muchos más, llegados desde pueblos vecinos o desde Burgos y que abarrotaban la sala. De hecho, fueron muchos los que siguieron sus explicaciones a través de las ventanas, desde la calle.

Adolfo García Sastre

Adolfo García Sastre

García Sastre llevó su sapiencia en virus hasta esta localidad para «aclarar» algunos aspectos, pero también «metió» el miedo en el cuerpo con sus explicaciones de estos bichitos microscópicos que tanto daño pueden hacer.

Y si una de las primeras imágenes que se pudieron ver era la los supervivientes de un pueblo de Alaska de la gripe que en 1918 provocó 50 millones de muertos en todo el planeta, con el agravante que ninguno superaba los 16 años, el resto de los datos no fue a mejor, bueno sí, que estamos vacunados y ellos no lo estaban porque «no quiero meter medio, pero tenemos que estar preparados».

El murciélago acabó siendo el «bicho malo» de la tarde, pero nos dejó con la incertidumbre, porque Putin tiene uno de los dos reservorios del virus de la viruela, y ya sabemos cómo es Putin, mejor no darle ideas…

Adolfo García Sastre llegó a Palazuelos de Muñó, contó una pequeña parte de su sabiduría, todos lo entendieron, y creo que al menos, quedaron convencidos de que las vacunas son buenas y pidió,  aunque ninguno de los presentes pueda hacer nada al respecto, que se invierta más en investigación porque es prevención «y debemos estar más preparados».

Los virus está claro que mutan, tienen que sobrevivir, adaptarse como lo haría cualquier ser vivo, pero para eso están los investigadores, para adelantarse en la medida de lo posible a sus variantes,  si no se adelantan, al menos que lleguen lo más rápido posible.

Gracias de corazón por su trabajo y por dedicar una tarde de los apenas dos días que ha pasado en Burgos a ayudar a entender cómo funcionan estos bichitos.

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