La procesión del Santo Entierro, acto central del Viernes Santo
Traslado del Cristo Yaciente por el interior de la Catedral
El Cristo Yaciente partía desde la Capilla del Corpus Cristi para procesionar por las calles de la ciudad.
Miles las personas se han congregado en las calles de Burgos para contemplar el paso de las cofradías en este Viernes Santo, procesión en la tiene lugar uno de los actos más emotivos y sobrecogedores de la Semana Santa burgalesa, el traslado del Cristo Yaciente desde la Capilla del Corpus Cristi hasta la Plaza de Santa María, portado a hombros por miembros de la Hermandad del Santo Sepulcro y escoltado por los estandartes y priores de las cofradías y hermandades penitenciales de la ciudad. La corporación municipal esperaba en silencio la salida de Cristo hacia la urna que esperaba en la plaza.
El toque de tambores que retumbaba en la nave central de la Catedral resultaba sobrecogedor, más aún con la imagen del Cristo Yaciente portado por los miembros de la Hermandad del Santo Sepulcro ataviados con sus capas moradas precedidos por el toque de campana.
Ya en el exterior, y con el Cristo Yaciente en la urna de cristal, los priores y estandartes se dirigían hacia donde se encontraban sus cofradías para dar comienzo a la procesión, acompañados por las voces del Grupo Vocal CODA, que entonaba un Miserere.
Este año, se volvía a cambiar el recorrido, ya que después de pasar por el Arco de Santa María, la procesión se dirigía por el Puente de Santa María hacia la Calle La Calera y San Pablo.
Una de las imágenes que más admiración ha despertado, ha sido el Santo Cristo de Burgos y que por la mañana ha protagonizado el acto del “Descendimiento”. La imagen, portada por 36 costaleros, ha sido ovacionada y aplaudida a su paso por los asistentes. En su paso por el Arco de Santa María y dada su altura, ha tenido que ser descendida y vuelta a levantar a su salida.
Entre las cofradías, han procesionado penitentes, algunos descalzos, con cruces a cuestas en lo que viene siendo ya una tradición.
La procesión concluía en la Plaza de Santa María, donde se esperaba la llegada del Cristo Yacente en el Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad, con la Scola Cantorum que interpretaba el Stebat Mater.

























